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viernes, 19 de marzo de 2010

Novena a Jesus Misericordioso

Esta novena puede rezarse en cualquier tiempo del año, pero en especial del 17 al 25 de cada mes. Culmina con la Misa de los días 26, a las 3 de la tarde, la "Hora de la misericordia" en que Jesús entregó su vida por nosotros. A continuación se publica la novena, la cual se reza, luego de la oracion de cada dia, la coronilla a la Divina Misericordia. y luego recitarse las obras de misericordia.

Dia 1:
Por la humanidad, en especial los pecadores
Padre eterno, mira con ojos de misericordia a toda la humanidad y, en especial, a tus pobres hijos pecadores, cuya única confianza está puesta en el corazón misericordioso de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo.

Dia 2:
Por los ordenados, obispos, presbíteros y diáconos, por medio de quienes la humanidad va hacia tu Misericordia.
Padre eterno, mira con ojos de misericordia a los que trabajan en tu viña, los ministros ordenados, objeto de predilección de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo.

Dia 3:
Por todos los fieles, consagrados y laicos.
Padre eterno, mira con ojos de misericordia a tus fieles, consagrados y laicos, y por la santísima muerte y resurrección de tu Hijo, dales tu bendición.

Dia 4:
Por los que desconocen la Misericordia.
Padre eterno, mira con ojos de misericordia a los que no conocen el corazón misericordioso de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo.

Dia 5:
Por los otros cristianos.
Padre eterno, mira con ojos de misericordia a los demás cristianos y recuerda la pasión de tu Hijo, durante la cual con fervor te pedía: "Que sean uno".

Dia 6:
Por los niños y los que está en el camino de la infancia espiritual.
Padre eterno, mira con ojos de misericordia a los niños y a los mansos y humildes, que son semejantes a tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo.

Dia 7:
Por los que confían en tu misericordia y difunden el Evangelio en medio del mundo.
Padre eterno, mira con ojos de misericordia a quienes imitan el corazón misericordioso de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo.

Dia 8:
Por las almas del Purgatorio para que los méritos de Jesús abrevien la pena que merecieron.
Padre eterno, mira con ojos de misericordia a las almas del Purgatorio y mitiga sus penas por la obra salvadora de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo.

Dia 9:
Por los cristianos tibios que viven una vida rutinaria y estancada.
Padre eterno, mira con ojos de misericordia a los cristianos frágiles y tibios, e inflámalos con la fuerza del corazón de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo.

No olvidemos: 11 de abril de 2010, fiesta de la Divina Misericordia. Jesús prometió en darnos TODO lo que le pidamos, si esto es conforme a su voluntad. El nos pide que lo recibamos en la Eucaristia, previamente el sacramento de la reconciliación, con toda la confianza que podamos tener en su misericordia.

martes, 22 de diciembre de 2009

Misericordia y sacrificios

Del Padre Alfonso Torres

El festín de San Mateo (correspondiente al décimo domingo del tiempo ordinario del ciclo A)

El hecho del banquete en sí mismo apenas si necesita declaración. Leví o
Mateo, transportado de gratitud y gozo por la gracia recibida, quiso
celebrarla a su modo ofreciendo un festín al Señor, al cual asistieron sus
antiguos compañeros de profesión, los publicanos, en gran número. San
Mateo mismo es quien lo dice del modo más expresivo, escribiendo: muchos
publicanos y pecadores... estaban a la mesa con Jesús. No tuvo Mateo nada
que se pareciera a los respetos humanos de Nicodemo, aunque su ambiente
era más descaradamente pecaminoso que el de este, antes al contrario hizo
fervorosa ostentación de su cambio de vida y de su amor a Jesucristo.

Ya en los antiguos imperios de la Mesopotamia era costumbre comer
recostado en un lecho. Desde los tiempos helenísticos debió introducirse esta
costumbre en Palestina como en Grecia y Roma. Conforme a ella se celebró
el festín de Mateo y por eso nos dice el Evangelio que los comensales
estaban, recostados a la mesa.

Si San Mateo hollaba los respetos humanos celebrando un banquete en honor
de Jesús, mucho más los hollaba el mismo Jesús comiendo con los
publicanos. Sabía muy bien el divino Maestro que los fariseos pondrían el
grito en el cielo cuando le vieran sentado a la mesa con hombres tan
despreciados, y sin embargo aceptó la invitación, para enseñar y probar
pública y solemnemente su amor a los pecadores, con obras y palabras. Con
las obras lo probó por el hecho de sentarse con ellos a la mesa; con palabras
por lo que vamos a oír.

Como vieran los escribas y fariseos que Jesús comía con los pecadores, se
acercaron a los discípulos, sin duda hallándolos acaso fuera de la sala del
festín, y les dijeron: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y
pecadores? Según San Mateo y San Marcos la acusación embebida en esta
pregunta iba dirigida singularmente contra Jesús, y sin duda tal era la
intención de aquellos hombres, aunque englobaran en sus palabras a Jesús y
a sus discípulos, como refiere San Lucas. Punto de obligación y de honra era
para aquellos sepulcros blanqueados apartarse altaneramente de los
pecadores como ya dijimos en otra ocasión.

Fue Jesús mismo quien respondió a la insidiosa pregunta, y quien nos ha
conservado la respuesta íntegra es precisamente San Mateo. Los otros
evangelistas la abrevian, mientras San Mateo la escribe de este modo: No
han menester médico los sanos, sino los que están malos, Id, pues, y
aprended qué quiere decir: Misericordia quiero y no sacrificio. Porque no he
venido a llamar justos, sino pecadores (Mt. 9, 12-13). ¡Palabras benditas que
son el fundamento de toda nuestra esperanza! ¡Qué bendición hubiera sido
para los escribas y fariseos si las hubieran oído con humildad en vez de
encastillarse en la propia soberbia!

Como el buen medico acude a los enfermos y no a los sanos Jesús Médico
divino de les hombres, acude a los pecadores, a los que padecen la peor de
las enfermedades del alma, que es, el pecado. Y acude antes que se le llame.
Con amorosa solicitud nos busca para sanarnos, hasta cuando nosotros nos
olvidamos de nuestra salud espiritual.

Si los escribas, y fariseos en vez de acudir a los enfermos del alma huyen de
ellos y los rechazan es porque, leyendo las escrituras asiduamente, no
entienden lo que ellas, enseñan. El Señor había dicho por boca del profeta
Oseas: Misericordia quiero y no sacrificio (Os. 6,6). Quien conoce la índole de
la lengua hebrea sabe que el Señor no había querido decir con esta frase de
un modo absoluto que le desagradaban los sacrificios-lo cual por otra parte
hubiera sido un contrasentido, puesto que El mismo los había mandado-pero
sí que prefería a ellos la misericordia. La suprema ley es la del amor y a ella
se han de subordinar todas las demás. La misericordia no es más que una
forma del amor.

Por eso dice Jesús a los escribas y fariseos como a discípulos tardos y
desaprovechados: Id y aprended qué quiere decir: Misericordia quiero y no
sacrificio. Meticulosos hasta el ridículo en todo lo que era práctica exterior,
ignoraban lo más hondo y santo de la ley, que es la caridad. Si lo hubieran
conocido, ellos hubieran sido los primeros en desvivirse por los pecadores, en
vez de despreciarlos. Jesús al buscar a éstos no hacía más que ejercitar la
caridad, cifra a la vez y cumbre de todos los preceptos divinos. Aquellos
doctores infatuados, en vez de escandalizarse al ver a Jesús entre los
pecadores, hubieran debido imitar su divina misericordia y su celo insaciable.

¡Qué consuelo hubieran tenido los escribas y fariseos al oír tales palabras a
Jesús, si hubieran reconocido los pecados que llevaban en el alma! Pero
prefirieron embriagarse de soberbia a pedir humildemente la salud al Medico
divino, y a la vez se incapacitaron para gozar uno de los goces más puros e
íntimos del alma: el goce de sacrificarse por los pecadores y trabajar por
sacarlos del pecado.

Tácitamente fueron rechazados cuando Jesús siguió diciendo: Porque no he
venido a llamar justos, sino pecadores. Pues aunque Jesús había venido al
mundo para todos los hombres, si alguien se podía considerar excluido, no
por voluntad de Cristo, sino por propia voluntad, de su divino llamamiento
era quien creía bastarse, a sí mismo, quien se tenía por tan santo que
rechazaba la gracia del Redentor. Y tales eran los fariseos.

Pero veamos con más precisión el alcance de una sentencia tan consoladora
para nosotros. El sentido general de ella es el mismo que tiene la parábola de
la oveja perdida. Jesús, Buen Pastor, deja si es preciso las noventa y nueve
ovejas que tiene en el redil para buscar la oveja que se le extravió. Por eso
puede decir que no ha venido para llamar justos, sino pecadores. A la luz de
este sentido general se puede precisar todavía más el alcance de la
sentencia, Cuadra perfectamente con ella la doctrina de Santo Tomás, según
la cual si el hombre no hubiera pecado no se hubiera encarnado el Verbo de
Dios; tan perfectamente cuadra, que para defender lo contrario hay que
retorcer de algún modo las palabras que comentamos. Si se rechaza la
doctrina de Santo Tomás, ¿que sentido se podrá dar a la frase: no he venido
a llamar justos? Pero bajando de estas esferas doctrinales a lo más concreto
y práctico, hemos de añadir algo que sugiere la misma historia evangélica.

Cuando vino Jesús al mundo, encontró almas justas y a ellas se manifestó en
primer termino. Recordemos a la Virgen Santísima. San José, Zacarías,
Isabel, Simeón, Ana la profetisa y al Santo Precursor cuya vida y apostolado
considerábamos al comenzar el presente curso. Esto nos enseña que la frase
no he venido a llamar justos, ha de entenderse con las convenientes
atenuaciones. Por otra parte al empezar su ministerio público empezó Jesús a
encontrar pecadores en su camino. Todavía está fresco en nuestra memoria
el encuentro con la samaritana, y en la última lección sacra hubimos de
comentar la conversión de Mateo, el publicano que ahora obsequia al Señor
con un banquete. Estas dos series de hechos contrapuestos se armonizan
pensando que aun los justos que halló Jesús, lo eran por gracia de El mismo;
pero sobre todo recordando una delicada doctrina de San Agustín en su
comentario a la primera epístola de San Juan.

Para declarar el amor de los enemigos se vale el santo doctor de esta sencilla
imagen. Cuando un carpintero ve caído un tronco deforme y tosco, se alegra
y goza pensando en lo que de aquel tronco puede hacer. Su arte lo
transformará en objetos útiles y bellos. Pues así hemos de hacer nosotros al
encontrar enemigos, puesto que así hace Dios, cuando encuentra al pecador.
Se goza viendo lo que su poder divino y misericordioso puede hacer de, él.
Como decía San Pablo: todos los hombres pecaron y están privados de la
gloria de Dios (Rom. 3,23). Con ellos despliega Jesús su amor de celo, para
poder luego poner en ellos su amor de complacencia. En los justos se
complace y con los pecadores despliega el cedo que le devora.

Como expresión de ese celo exclama: no he venido a llamar justos sino
pecadores. El amor de celo, fruto de infinito deseo de hallar sus
complacencias en los, hijos de los hombres para bien de ellos, le trajo del
cielo a la tierra y gobierna como norma suprema sus trabajos y sus
sacrificios. Su deseo de poder complacerse en los hombres le hace
entregarse sin reserva y ante todo a convertir pecadores.

(Lecciones Sacras sobre los Santos Evangelios, Ed. Escelicer, 1945, Pág. 389-394)


fuente: http://www.homiletica.org/ive0367.pdf

lunes, 14 de septiembre de 2009

Obras de misericordia

Las obras de misericordia que enseña la Santa Iglesia.


Obras de misericordia corporales
Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf Mt 25, 31-46). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf Tb 4,5-11; Si 17, 22) es uno de los principales testimonies de la caridad fraterna: es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cf Mt 6, 2-4) . (Catecismo)


1. Dar de comer al hambriento.
Jesús nos ordena compartir con el necesitado cuando nos dice, "El que tenga dos capas déle una al que no tiene, y el que tenga alimento, comparta con el que no"(San Lucas, 3-11). Al compartir nuestro alimento, no solo les llenamos el estómago a nuestros hermanos necesitados, sino que les mostramos el amor de Dios que no los deja desfallecer.


2. Dar de beber al sediento.
Con cuantas ganas nos bebemos un vaso de agua fresca luego de recorrer un largo trecho para calmar nuestra sed. ¿Cuántas veces pensamos en nuestros hermanos que no tienen un lugar donde beberlo?. Pensemos en aquellos que se enferman porque deben calmar su sed con agua contaminada, aquellos que mueren de sed porque otros la desperdician, incluso Jesús, en su trance de muerte, sintió sed y lo exclamó con tanta vehemencia, que un soldado romano le acercó una esponja con hiel y vinagre para que la calmara. ¿Sómos nosotros peores que ese soldado romano como para negar agua al sediento?.


3. Vestir al desnudo.
A menudo nos encontramos con hermanos que estan vestidos con harapos o bien se encuentran desnudos, viéndose disminuída su dignidad de hijos de Dios. Ayudémosles a recobrarla brindándoles una vestidura limpia y respetable, que les permita reencontrar al Señor en la bondad de los demás.


4. Dar posada al forastero.
Existen muchos inmigrantes que esperan nuestra ayuda para poder vivir dignamente junto a su familia, ayuda que debe hacerse presente en toda forma y a todo momento. Recordemos que esos hermanos desposeídos son Sagrarios del Espíritu Santo que merecen al menos una Tienda de Encuentro con el amor Divino.


5. Visitar a los enfermos.
Nuestros hospitales estan llenos de enfermos olvidados por sus familiares, o bien, personas que por la lejanía con el centro hospitalario, no reciben visita alguna. Es bueno dar dinero para los necesitados, pero que bueno es darnos nosotros mismos. Compartamos de nuestro tiempo con ellos y llevémosles una palabra de aliento, un rato de compañía a esos cristos en su monte de los olivos.


6. Visitar a los encarcelados.
Cada mañana nos levantamos y corremos a los centros de estudio o trabajo, y posiblemente pasemos frente a un centro de reclusión en el que muchos de nuestros hermanos sufren la soledad y la indiferencia. Nuestra Santa Madre Iglesia nos llama a llevarles, no solo cosas materiales, sino el cariño de toda la comunidad a cada uno de ellos, para que se sientan parte del rebaño del Unico Pastor.


7. Enterrar a los muertos.
Sepultarlos no significa olvidarlos, por el contrario, esta obra de misericordia coporal nos lleva a la obra de misericordia espiritual que nos invita a rezar por los vivos y los muertos. Al enterrarlos no debemos olvidar que es nuestro deber mantener sus sepulturas en buen estado, pues en ellas se contienen los restos mortales de aquellos que fueron Templo del Espíritu Santo.



Obras de misericordia espirituales
Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf Is 58, 6-7: Hb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras de misericordia espirituales, como también lo son perdonar ), sufrir con paciencia. (Catecismo)


1. Dar buen consejo al que lo necesita.
Para dar buen consejo es necesario que nosotros mismos hallamos sido aconsejados por un director espiritual, que nos ayude a orar a Dios Padre, para que nos envíe su Santo Espíritu y nos regale el don de consejo. Así, bajo la guía del Señor, tanto nuestras palabras como nuestro actuar, serán un constante aconcejar a los que lo necesitan.


2. Enseñar al que no sabe.
Es importante que cooperemos con nuestros hermanos, pero es mas importante enseñarles a realizar por ellos mismos aquello que no saben. Por ello, enseñémosle a orar, a perdonar, a perdonarse, a compartir, etc.


3. Corregir al que se equivoca.
Muchas veces nos enojamos o reímos cuando vemos a algún hermano equivocarse, olvidándosenos que no somos perfectos e inevitablemente nos equivocaremos también. Pensemos, ¿nos gustaría que se rieran de nosotros?, definitivamente NO, así que, cuando alguien se equivoque corrijámoslo con amor fraternal para que no lo vuelva a hacer.


4. Consolar al afligido.
Jesús nos ha dicho: "Dichosos los que lloran porque serán consolados". El consuelo de Dios, por medio de su Espíritu Santo, nos consuela. Pero, además, Dios se vale de nosotros para consolar a los demás. No se trata de decir: no llore, sino de buscar en las Escrituras, las palabras que mejor se adecúen a la situación. En los salmos podremos encontrar esa palabra de consuelo que requerimos, por eso, es conveniente recitarlos y meditarlos constantemente.


5. Perdonar al que nos ofende.
¡Que difícil!, tanto que Jesús nos dice que debemos perdonar 70 veces 7, es decir, SIEMPRE. Además en el Padre Nuestro, nos pone la condición de "perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden".

6. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
¡Que fácil es ver la paja en el ojo del prójimo y no vemos la viga en el nuestro!. Cuando seamos capaces de disimular los defectos de nuestro hermano, estaremos colaborando en la construcción del Reino del Señor. Tengamos paciencia con los ancianos, los niños, el vecino, el compañero de trabajo y ellos la tendran con nosotros, en nuestros defectos.


7. Rezar por los vivos y los muertos.
Cuando escucho a mis hijos orar pidiendo a Diosito por nosotros, por sus hermanos, por sus compañeros de escuela y por sus abuelitos ya fallecidos, me siento agradecido de saber que muchos elevan una oración al Creador por mi y por mis familiares o amigos que se me adelantaron a la casa del Padre. Cada oración es una intercesión, y el Señor nos pide que oremos unos por otros para mantenernos firmes en la fe, así como El oró por Pedro para que una vez confirmado, le ayudara a sus hermanos.


tomado de: http://www.catoliticos.com/doctrina/doctrina.htm